El lujo y la calidez del Sheraton Salta, se fusiona en armonía con la montaña, los valles y el clima siempre ameno de Salta. Antes de eso, Córdoba nos despedía con nubarrones y un par de horas de espera en el aeropuerto Ingeniero Ambrosio Taravella.
Una hora y cuarto después de andar por las nubes, y a 1.200 m.s.n.m uno se hace testigo del colorido de Salta. De su gente, de su tierra, de las vestimentas y los sabores; así en cada rincón. Con una temperatura de 20 ºC visitamos el Cerro San Bernardo, al que ascendimos en el teleferico desde el que se deja ver toda la ciudad e incluso, los valles de Lerma y Cachi.
En junio, el desfile del 17 es una fiesta para todo el pueblo salteño, que honra en la celebración, el recuerdo de su héroe de la independencia, General Guemes. Un despliegue de tradición y emotividad, fogones, guardias nocturnas y mucho, mucho locro. Imperdibles: el Dique Cabra Corral, San Lorenzo (a 10 kmts de la Capital), la peña de La Casona del Molino, cazuela de cabrito, empanadas salteñas y tamales.
Completan el paisaje de la ciudad el paseo Balcarce -una callecita donde abundan los bares, restaurantes y atractivos nocturnos-, el mercado artesanal ?una casona bien conservada y bien organizada donde funciona la asociación de artesanos-, la estación del tren a las nubes -US$120 el pasaje, y gratis para los salteños acompañantes-, el Convento San Bernardo -con un portal de Algarrobo tallado a mano por aborígenes- y el Museo de Antropología, donde National Geographic trabaja junto a la Provincia en la conservación de los niños congelados encontrados en el Llullaillaco.
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